FERNANDO MOLERES
Por Ima Sanchís
“Mis fotografías son distintos capítulos de un mismo libro que habla del ser humano y sus injusticias”.
“Quiero formar parte de los acontecimientos”
“Ser fotoperiodista requiere de una voluntad de sentido”
“Hay que dejar el ego a un lado y fotografíar de humano a humano”
El fotógrafo no puede ser un espectador pasivo, no puede ser realmente lúcido si no está implicado en el acontecimiento (Henri Cartier Bresson).
Sus trabajos son el resultado de un tiempo de investigación y de convivencia con ese grupo humano que elige retratar, con esa historia que quiere contar. Una historia de la que no sale indemne: cree en el compromiso y en la implicación. La única manera de ser objetivo es sabiéndose subjetivo y siendo riguroso, ofreciendo tu punto de vista con honestidad.
Conocí a Fernando hace ya varios años porque me enamoré de una foto suya que quise comprarle para poder contemplarla a diario; se trata de una campesina recogiendo patatas y mirando hacía un cielo lleno de nubes, denso, poderoso. Apoya el cesto de patatas sobre su cadera, su traje negro esta roído y lleva guantes de goma, pero es tan hermosa como Scarlet O’Hara (Gone With the Wind) jurando sobre la tierra roja de Tara. Sola, en esa infinita nada de patatas, levanta la cara hacia el cielo con una sonrisa de agradecimiento, de libertad, con esa serena conciencia del que sabe que pertenece a la tierra... No sonríe al fotógrafo, el fotógrafo no existe, y esa es una de las grandezas de Fernando Moleres, desaparece, aunque esté implicado en cada una de sus fotos y cada una de ellas sea un trozo de su propia historia.
¿Por qué escogió ser enfermero?
Posiblemente por ósmosis, mi padre era enfermero y el trabajo que él hacia me gustaba; y porque siendo enfermero podía tener trabajo. Así que me fui a la universidad. Pero cuando volví a Orduña, al pueblo en el que me crié, a 40 kilómetros de Bilbao, y empecé a ejercer me llevé una sorpresa: me encantaba aquel oficio, especialmente porque mi relación con la gente cambió. Me convertí en un “confidente” sobre todo de las personas mayores a las que solia pedir que vinieran a última hora a la consulta para que tuvieramos más tiempo y me contaran cosas de su juventud, de la guerra civil. Recuerdo que siempre me decian que aprovechara la vida, “vive a tope”. Convertirme en el enfermero del pueblo, trabajar para ellos sin cobrar de ellos, creo un vínculo muy interesante. Este trabajo tambien me dejaba mucho tiempo libre y muchas tardes iba a volar a las montañas en ala delta.
¿Cuánto duró?
Ocho o nueve años de forma intermitente porque yo no tenía la plaza. Los últimos años en mi pueblo no trabajé como enfermero y estaba gran parte del año fuera, las relacion con el pueblo se fueron distanciando; la tensión política del País Vasco enrarecia la convivencia en el pueblo y yo no era ajeno a tomar parte. En ese sentido llegar a Barcelona fue una liberación.
¿Qué le hizo fotógrafo?
La verdad es que nunca tuve intención de serlo. Me hice fotógrafo poco a poco porque soy curioso y participativo con el mundo. Empezé tarde, como con casi todo; a la fotografía llegué con casi 30 años. Era enfermero de profesión y viajero de alma, ambas facetas las estuve combinando durante años. En 1987, a los 23 años, salí por primera vez del País Vasco rumbo a la Nicaragua sandinista.
¿Qué le llevó allí?
Cada medio año salían brigadas de unas 15 personas de mi tierra que iban a Nicaragua a ayudar en la recolección del café. Trabajé en una hacienda en las montañas de Matagalpa y también como enfermero en
un pequeño puesto de salud en el campo. Estando allí vi como los fotógrafos podían cruzar las líneas que nosotros no podíamos ni pisar y pensé que ser fotógrafo era un pasaporte genial para acceder a lugares que te interesan. Luego el amor hizo el resto.
Cuénteme...
En Nicaragua conocí a Michelle la canadiense, fue un amor mágico e imposible. Aceptar que fue un cruce de caminos y que cada uno tendría su vida costó tiempo y por eso acabé en Sudáfrica donde trabajaba ella. Y fue allí donde, en 1990, por primera vez hice series de fotografias sin una intención de publicar. En Natal me encontré por primera vez con menores explotados laboralmente en las plantaciones de caña de azucar. Por esta serie fotográfica me dieron un premio en el Fotopres español. Ese premio me animó a ir con la cámara de fotos a la crisis de los refugiados kurdos en Turkia al final de la 1a Guerra del Golfo.
¿Pero de qué vivía?
De mi trabajo como enfermero durante cuatro meses al año. Una de las claves de que yo haya funcionado como fotógrafo es que vivía en un pueblo, gastaba muy poco dinero, no necesitaba pagar el alquiler porque vivía con mi madre, todo lo que ganaba lo invertía en mis viajes.
Así labró su camino de fotoperiodista freelance, lo que le permite no hacer concesiones.
Sí, me encanta ser freelance y elegir los temas sobre los que trabajar. Yo no quiero trabajar en la plantilla de un periódico, ni en una gran agencia. Y tampoco me obsesiono con los encargos, porque sé que en su mayoría
no me van a interesar tanto como los proyectos que yo elijo. De hecho, solo he realizado un encargo el año pasado y otros tres hace más de 12 años para una revista Suiza. No depender de los encargos facilita mi relación con las agencias que me representan, así que me conformo con que mis agencias me distribuyan y todo sea transparente. Este trabajo de fotoreportero freelance se acomoda muy bien a mi forma de ser y andar por el mundo. Necesito tener la sensación de libertad.
¿Cuánto tiempo dedico al trabajo sobre la explotación laboral infantil?
Durante dos años retraté los niños de Centroamérica y de Sudamérica. Este trabajo lo presenté a la beca Fotopres y me permitió saltar a Asia. Otro premio y la beca Hasselblad me permitieron acabar el trabajo , un total de 5 años.
Esa manera de enfocar el trabajo, hacer temas a fondo, no es algo que la profesión de fotógrafo permita.
Depende de las circunstancias: yo no tenía coche, ni hipotecas, ni hijos; por lo tanto mis gastos eran mínimos, y siempre he viajado muy barato, lo que ha acabado formado parte de mi trabajo. Soy de la opinión que alojarte
en un hotel es perder la mitad de la experiencia del viaje, porque las historias que te pasan viajando con muy poco dinero son alucinantes.
Explíqueme alguna de esas historias.
Caminando por las montañas, en Sudáfrica, llegué ya de noche a una casita de unos campesinos negros. Llamé a la puerta y le dije con gestos al hombre que me la abrió, que quería comer y dormir. El hombre me dio de cenar y compartí la cama con otro tipo. Al día siguiente me calentó agua con fuego, me metí en un barreño y con un cazo me duchó. Estas cosas me han pasado un montón de veces, ¿no le parece alucinante?
Realmente emotivo...
Yo escribía un diario y lo olvide en la casa. El hombre corrió tras de mí por la montaña hasta darme alcance y devolverme la vieja libreta. Viajar con la necesidad de encontrarte con el otro y con poco dinero te obliga a conectar con el mundo de una manera especial. Las barreras de las identidades, la pertenencia a un lugar se desdibuja hasta casi borrarse. Me he sentido mejor tratado en Pakistán o en Irán que en el pueblo vecino de mi País Vasco natal. Así comprendí que la pertenencia es una construcción mental. Viajar me ayudó a sentir que el mundo es de todos y que yo pertenecía a todas partes.
También le habrán sucedido cosas malas viajando tan indefenso.
Me han sucedido muchas más cosas buenas que malas. La gente me ha adoptado, quizá por la fragilidad de viajar sólo. Por no tener dinero he dormido en un cementerio en Filipinas, donde fui a hacer un reportaje sobre la gente que vive en él, unas 5.000 personas. Me dejaron la parte de arriba de un mausoleo y la familia que lo habitaba se trasladó abajo, sobre las tumbas, un lugar un poco más difícil de digerir. Y además esta es la única manera de trabajar proyectos largos, hacerlo con pocos recursos, porque nadie los paga.
¿Qué ha entendido del ser humano?
Que el ser humano tiene buen trasfondo y que necesita dar y amar, pero cada uno debe hallar los canales para ello, para que germine ese don que lleva implícito. También he entendido que una vida sencilla, que no simple, es una forma de vida que me interesa porque te ayuda a tener paz y te conecta con el entorno. Es
una meta difícil pero por la que merece la pena apostar. Esta vida la he experimentado en los monasterios, sobre todo en el Monte Athos y con los Monjes Cartujos de Calabria.
¿Qué historia ha querido contar?
Yo lo que he querido ha sido vivir y acercarme a situaciones y realidades que no me pertenecen, y eso me ayuda a cuestionarme cosas y a crecer: soy el primer beneficiado de mis fotografías. También he querido participar y expresar a través de la fotografía mi punto de vista, llamar la atención sobre cosas que veo injustas. Escojo temas como el de los niños trabajadores, la orquesta de mujeres pobres y ciegas de Egipto, la inmigración ilegal en la frontera del Norte de México, los vertederos de basura electrónica en Ghana... De hecho mis fotografías forman parte de un todo coherente: yo no hago fotos aisladas, yo cuento historias, son distintos capítulos de un mismo libro que se centra en el ser humano y sus injusticias.
¿Cómo titularía ese libro?
“Ayudemos a mejorar el mundo”. “Otro mundo es posible”.Pero en este libro no seria solo de fotos cada vez valoro mas la aportación de la palabra a la fotografia, ambas se complementan y se potencian. Para mi la fotografía es una aproximación reducida a la realidad que
requiere del complemento de la palabra, por eso me siento mas a gusto en la piel del fotoperiodista que en la de fotógrafo.
¿Dirección y sentido?
Efectivamente, considero que ser fotoperiodista requiere de una voluntad de sentido. Yo quiero tomar parte en los asuntos que trato. Fotografías con todo tu ser. La imparcialidad, la neutralidad, la dejo para las agencias o para quien vaya de objetivo. Yo quiero formar parte de los hechos, participar activamente en la sociedad, tratando de asumir la responsabilidad de mis implicaciones.
Fotoperiodista, freelance y autodidacta...
No he estudiado fotografía, aprendí por mi cuenta, mi método fue “acierto- error”. No es lo aconsejable porque es muy lento, pero lo que aprendes se te graba en los sesos para siempre. Además, hoy por hoy, no nos engañemos, el sistema de zonas y una técnica depurada al revelar ya no tienen sentido para un fotoperiodista. Yo ahora disparo con cámara digital y en automático o en semiautomático, como casi todos los fotógrafos.
... Lo confiesen o no.
Cierto, decía un conocido “que en el mundo no caben más fotos
bonitas”. Lo importante es lo que quieres contar, como lo vas a contar y tu implicación con el tema. El fotoperiodismo ha cambiado: se abre a la construcción de historias en las que el fotógrafo tiene una implicación
más allá de la pura imagen. Tenemos que ecuacionar en la cabeza el
momento en que vivimos, tener una visión amplia y saber que podemos aportar.
Quizás la altura de un fotoperiodista sea la de su humanidad.
Estoy de acuerdo, deberiamos dejar el ego molesto a un lado y
fotografíar de humano a humano, antes que fotógrafo somos persona, y esto a la larga es mucho más importante. Ante un hecho en el que yo haya tenido que elegir entre intervenir con consecuencias o tomar la foto de esa circunstancia, me ha salido el hecho de intervenir olvidando la cámara. Quizá no sea muy profesional, mejor así: una fotografía perdida..., nada es para tanto y menos una fotografía”.
Disparara usted en automático pero todas sus fotos respiran una atmósfera muy particular y reconocible.
Una vez Cristina García Rodero me dijo que era un fotógrafo de atmósferas y creo que esa definición se ajusta bien a mis fotos. No soy un fotógrafo del momento decisivo. Siempre he sido lento. Trato
de imprimir una atmósfera al conjunto de fotos que forman un reportaje. También me encanta fotografiar situaciones que de por sí tienen una atmósfera especial, como los monasterios, los baños turcos, los paisajes de nubes. Esta manera de fotografiar puede ser una herencia de las fotografías que me formaron hace 20 años. Por entonces lo que más me impresionaba eran los capítulos que semanalmente publicaba el suplemento de El País Magazine sobre “los Trabajadores” de Sebastiao Salgado: unas fotos potentes con una atmósfera homogénea.
Hábleme de los reportajes qué le han cambiado, de los qué le han hecho crecer...
Estuve en Ruanda en el retorno de los refugiados en 1996, aquella tragedia me hizo más consciente de lo afortunado que soy y me ayudó a limar la queja, a poner mas el acento en lo que tengo que en lo que no tengo.
El trabajo que realicé con los niños trabajadores me dio mucho que pensar y llegue a conclusiones que quizá le sorprendan. La explotación laboral infantil hay que erradicarla sin ambigüedades. Es una explotación de la pobreza. Pero el trabajo infantil es otra cosa y en países pobres los niños ayudan a sus padres en las labores del campo o en los oficios, y eso les dota de un aprendizaje moral y una responsabilidad que es difícil ver entre los niños de la sociedad del bienestar. la diferencia entre explotación laboral y trabajo infantil radica en las condiciones del trabajo, que por supuesto no deben afectar al desarrollo de los menores, pero hay que preguntarse si todas las infancias, sociedades, culturas y aprendizajes deben ser iguales y si necesariamente nuestro modelo es el idóneo. De hecho hay organizaciones, como la pakistaní en la que militaba el famoso activista menor Iqbal Masíh, que abogan por el derecho a un trabajo regulado con condiciones que puedan ayudar a sus familias. Las circunstancias modelan la realidad. Lo políticamente correcto a menudo es un corsé demasiado estrecho.
¿Cómo se acerca a la gente para fotografiarla?
Si estas haciendo un trabajo sobre el racismo y sorprendes una mirada de desprecio, la tomas sin consultar, de una manera rápida. Pero cada vez más busco la fotografía respetuosa. Cuando entras en un recinto cerrado como una cárcel , son ellos los que te tienen que aceptar y tienes que ir poco a poco . Yo creo que los fotografos, por necesidad desarrollan una empatia para ser aceptados. Este oficio tiene una caracteristica muy particular : eres el último “mono” alla donde vayas, estás solo , eres un recien llegado y te pueden expulsar en cualquier momento y esto
a veces es difícil de digerir para el ego.
Lleva 25 años trabajando, ¿ha cambiado la percepción del fotoperiodista?, ¿se les aceptaba mejor antes en los lugares conflictivos?
Cada vez se es más consciente del valor de las imágenes , es difícil que se de una situación como la primera guerra de Chechenia donde el fotógrafo se movía libremente por los dos bandos... generalmente las partes implicadas saben si las fotografias o la información les interesa hacer pública o no. Hoy los fotógrafos se encuentran protegidos con los rebeldes sirios y hace un año por los rebeldes libios. Para el otro bando eres el enemigo.
A mi me marcó enormemente uno de mis primeros trabajos sobre los refugiados del Kurdistán (1991). Tras la primera guerra del Golfo el ejército de Sadam Husseim atacó a los kurdos que huyeron a las montañas de Turquía donde tampoco eran bienvenidos. Me sorprendió que pese a la traición de Occidente con los kurdos al final de la guerra estos fueran gente tan extremadamente amable con los periodistas. Me aceptaron como ser humano, no me preguntaron de donde venía, ni para qué, ni porqué.
¿Qué imagen recuerda?
“Ven aquí, siéntate con nosotros, come”. En mi amado País Vasco una vez se me rompio la moto en plena montaña , acudí a una casa a pedir agua y desde el otro lado del cristal me dijeron con gestos : “no tenemos agua”. Ya vé, los “no desarrollados” tienen el factor humano, que es el factor principal del desarrollo, más desarrollado que los desarrollados. Tienen un tiempo para tí aunque no te conozcan. Cuando era enfermero un viejo aldeano me contó que en su época todas las casas tenían destinada una zona para acoger al peregrino, y que si alguien llamaba a tu puerta a cualquier hora del día o la noche tenia un lugar en la entrada de casa de campo. El desarrollo está borrando esta manera de ver el mundo, hay que estar concientes para no arrinconar el humanismo.
Durante tres años recorrió monasterios de 15 países, ¿se trataba de una búsqueda personal?
Sí. Generalmente los temas que elijo están íntimamente relacionados con el momento vital por el que atravieso. Cuando elegí embarcarme en ese reportaje acababa de dejar mi pequeño pueblo para instalarme a vivir en Barcelona, y las nuevas posibilidades de una ciudad me movían, necesitaba reflexionar, poner claras las prioridades. Alguna vez había acudido a pasar algunos días a un monasterio y había sido una buena experiencia.
Y le propuso a la institución Arte Sacro de Madrid hacer una exposición sobre la vida monástica.
Así es. La exposición acabó por no llevarse acabo, pero yo seguí trabajando en ello. Y entre otras cosas entendí que a menudo la religión es un freno para entenderse entre los seres humanos, que religión y espiritualidad son términos que no están necesariamente relacionados, de hecho una religiosidad mal entendida es anti-espiritual porque es excluyente con los que no profesan el mismo credo. A la espiritualidad se puede llegar desde la no religión.
¿Ese es su caso?
Para mí la espiritualidad no es otra cosa que un grado de conciencia , cuanto más consciente mas espiritual. En los monasterios se respira silencio, un silencio que los monjes practican de forma consciente y ordenada. Descubrí que al silencio había que dedicarle poco esfuerzo y que procura grandes beneficios. En el silencio te oyes y puedes ver como estas.
¿Convivía con los monjes?
Sí, pero como su vida se basa en el silencio, nuestra relación era muy intuitiva. Sin embargo, con los cartujos, en Calabria, Italia, viví diez días de una intensidad fortísima. Es una comunidad de solitarios, sólo hablan una hora a la semana, el domingo de tres a cuatro. Algunos de ellos de una sencillez alegre que te contagia y enamora.
¿Fueron diez días muy largos?
Diez díasinolvidables.Alas noches me gustaba acudir al coro, tumbarme y durante horas escuchar a ellos cantando gregoriano. Me despedí de los monjes abrazándonos y llorando. Me afectaba intuir que nunca más los volvería a ver. Se que es un poco tonto pero es lo que viví. Nos unimos mucho, estas uniones que a veces solo se dan con desconocidos.
¿Qué se llevó de allí?
Yo soy ateo, de los que creen que somos materia , aunque soy conciente que la materia es energía. Lo que más me gusta de la vida de los monjes es que saben centrarse en lo que es importante , esencial para
ellos, no necesitan de la cultura de la distracción, del
entretenimiento y del consumo. Algunas de estas comunidades y muchos monjes viajan en la línea opuesta a las directrices que imperan cada vez más: el tener. Y me ha gustado observar en muchos de ellos una alegre humildad que admiro profundamente, probablemente porque carezco de ella. Para mí la ley de los contrarios rige la vida.
¿Cómo trabaja usted su espiritualidad?
Parándome a pensar, rebajando mi programación automática para pensar yo. Me ayuda meditar, que no es otra cosa que parar y ganar calma. Esto te ayuda a ver las cosas de una forma más global y si puedo trato de no juzgar. Como principiante que soy el dia a dia me trastoca por eso es inportante la constancia . Muchas veces hago mi “yoga” corriendo temprano por la playa (esto me calma la mente) y luego regreso a casa leyendo algunos frases escritas que me catalizan los pensamientos. Y una vez estás “tranquilo” es más positivo introducir algún pensamiento para reflexionar.
¿Qué reflexiones te ayudan a construirte?
No perder de vista la sencillez; elegir por encima de la felicidad la alegría y trabajarla para compartirla; el no ser quejoso, celebrar la vida.
¿En qué cree?
Yo tengo que creer en el ser humano porque no tengo dioses... Y en cierta manera, pese a las atrocidades que somos capaces de cometer...,creo.
Volvamos a la fotografía, ¿qué otros trabajos le han marcado?
Hace tiempo que me gustan ensayos fotograficos que se centran en conceptos pàra desarrollarlos fotograficamente. Yo he intentado hacer algo parecido con mi último trabajo sobre la orquesta egipcia de mujeres ciegas. El concepto es la invisibilidad. Una orquesta donde se forman 45 mujeres que luego salen al mundo. ¿Pero cual es el punto de partida?...Una mujer pobres, ciegas, invisibles en su sociedad.
¿Y cómo reflejar esa invisibilidad?
Hay una primera fase que es todo el proceso de aprendizaje de la música y de vida cotidiana de ellas antes de que suban al escenario y que lo he fotografiado desenfocándolas con cristales que coloco frente el objetivo. Pero cuando suben al escenario dejan de ser ciegas y se convierten en artistas: las reciben embajadores, las aplauden, y entonces son consideradas y respetadas y en las fotos dejan de estar desenfocadas . Otro caso que me permitió trabajar conceptos fue La Tomatina.
Gran fiesta popular valenciana.
...Que consiste en tirarse tomates por la calle todos contra todos. Descubrí que en esa fiesta tradicional y lúdica había soterrada una violencia muy fuerte y la fotografié con esa idea: la violencia escondida en el juego.
Con esos trabajos se sitúa usted más allá de la cámara, busca la esencia del ser humano.
Llega un momento en la fotografía que te empiezas a cuestionar porqué haces las cosas, ya no te basta hacer fotos bonitas, quieres sabes porqué eliges los temas. Ahora lo que más me interesa es que mis fotografías lleven a una acción, que pueda contribuir de una forma directa. El escritor y el fotógrafo somos vehículos que ponen en comunicación un suceso, algo que le está pasando a una determinada gente con otra, ese es nuestro oficio, pero ahora quiero ir más allá.
Así nace su ong.
Nace de la impotencia de comprobar que por mucho que publiques y denuncies un tema que clama al cielo, como es el caso de los presos menores en Sierra Leona, la realidad de esos niños no cambia. El trabajo se publicó a nivel internacional y gané muchos premios; incluso el secretario del ministerio de asuntos exteriores francés me mando un correo electrónico invitándome a reunirme con el ministro en París porque querían intervenir en el tema.
Menuda alegría.
Me sentí útil durante unos días. Compré rápidamente un billete para la fecha convenida, pero cuando llegó el día el embajador tuvo que irse a Libia por un asunto urgente, hubo otro intento fallido y luego cambió el gobierno.
Pero usted no se dio por vencido.
No. Resultó que Médicos del Mundo España me dio un premio por estas fotografías y las expusieron por varias ciudades, así que les propuse crear un proyecto para defender a esos menores. Parecía lo más natural, ya que ellos tenían personal e infraestructura en Sierra Leona. “Con unos cientos de euros al mes, les dije, podemos monitorear y ofrecer asistencia legal a los menores..”.
¿Y?
No quisieron saber nada
¿Nadie quiso ayudarle?
Estando en Sierra Leona me dediqué a llevar las fotos de las personas con enfermedades de la cárcel a distintas ong que estaban instaladas en el país, les pedía si conocian las enfermedades y que posibles tratamientos se podian ofrecer...... Nadie me hizo caso. Todo necesitaba un protocolo largo y burocratico que frenaba una aproximación. La Cruz Roja no tenía medicamentos.... Así que fue más fácil ir a la farmacia preguntar alli y comprar las medicinas....
Despues de un año de publicar el trabajo decidí crear Free Minor Africa en el 2011 para ayudar de forma directa a los menores encarcelados.
¿Cómo empezó todo, por qué se interesó por ese tema?
A raíz de una exposición de Lizzie Sadin sobre los menores en las cárceles del mundo que se expuso en el festival Visa de Perpiñan. Me impactó lo que lei y vi sobre las cárceles de Madagascar. Recuerdo que despues de ver este trabajo no quise ver mas exposiciones, la cabeza me pitaba y salí a pasear. Cuando estuve en casa me puse a buscar información sobre la situación de los niños en las cárceles africanas y descubrí que había testimonios pero muy pocas imágenes. Busqué financiación para investigar el tema y un año después conseguí una beca fotográfica.
Y ese fue el empujón definitivo.
Efectivamente, pero fue un desafío, no sabía por donde empezar y temía enfrentarme a aquella realidad. Durante meses busqué la manera de entrar en alguna cárcel africana a través de la Cruz Roja, Save the Children, Amnistía Internacional, instituciones religiosas... Nada de nada. Fue la fotógrafa Glena Gordon la que me facilitó el contacto de una persona que llevaba un año realizando una investigación universitaria sobre el sistema penitenciario y judicial en Sierra Leona.
¿Cómo consiguió acercarse a los presos?
Pademba es una cárcel colonial en la que se hacinan más de 1.300 presos en condiciones durísimas. Al principio tuve miedo que me pasara algo; padecen muchas enfermedades por la ineficiencia del sistema sanitario, la escasez de alimentos y la ausencia total de higiene. Por fortuna, como había sido enfermero, pude entrar muchas medicinas.
¿Cómo diagnosticaba?
Fotografiaba las enfermedades e iba a las farmacias a por medicamentos. Tuve la suerte de obtener un permiso de un mes para visitar todos los dias la cárcel y acabé teniendo una buena relación con los presos, entendieron porqué estaba allí.
¿Porque hay menores en una cárcel de adultos?
Porque en las comisarías catalogan a los menores como adultos, los llevan a los tribunales ordinarios y nadie en todo este proceso se preocupa si son o no menores. Muchos acaban en la prisión central.
Cuénteme alguno de los casos que ha seguido.
Steven Lebbise estaba acusado del robo de dos ovejas, en un año y medio de encarcelamiento jamás recibió la visita de un familiar porque cuando se los llevan a prisión los olvidan, están estigmatizados. Lo conocí en febrero de 2010, en primavera murió por una infección generalizada, algo muy común. El caso de Sarh Moresey es todavía más difícil de olvidar. Se trata de un menor acusado de asesinato. Sarh fue a bañarse al río con su mejor amigo y éste se ahogó. La familia del difunto le acusó de asesinato y llevaba cuatro años encarcelado en espera de juicio. Ingresó en Pademba en el 2007 y será liberado el 04 julio del 2013 ; FMA estará alli para recibirle.
Abdul Karim ingresó en prisión en el 2004 con 13 años, en oct. 2010 no habia tenido juicio .En 2012 le visitamos y sabemos que saldrá el 21/06/2013, estaremos alli para llevarle a el centro de Saint Michael.
Sin duda son casos terribles, sin embargo en sus fotografías hay mucha dignidad en los rostros.
Me alegro que usted lo encuenntre así. La mayoría de las personas tienen dignidad y en el caso de estos menores queria manifestarla. Estos jóvenes en conflicto con la ley son huerfanos o vienen de familias rotas y no han tenido oportunidades para desarrollarse adecuadamente pero aun y todo quieren una oportunidad para estar integrados en la sociedad. Son claras víctimas de la pobreza.
La atmosfera es el aglutinante de su trabajo?
Hay muchas situaciones que no las fotografio cuando no las veo encajadas dentro de la atmósfera del trabajo. Tomo pocas fotos. Si la luz , el ambiente no es el adecuada no saco la cámara. Priorizo la atmósfera porque me ayuda a contar una historia y por tanto busco una unidad estética. En Sierra Leona por ejemplo hice las primeras fotos durante la época seca de manera que me concentré en las fotos de interior porque tenían una atmósfera que me interesaba y el exterior era de una luz durísima , así que volví en época de lluvias para hacer fotos del exterior que encajaran con el mundo fotografiado en los interiores.
Eso es poco habitual.
Una revista te puede hacer un encargo de trabajo por unos pocos dias. A mi nadie me encarga y eso se puede convertir en una ventaja, me quedo el tiempo que considere necesario. En la vida tienes que arriesgar y en este trabajo también . Por experiencia afirmo que cuanto mas generoso eres mejor te van las cosas(???) y aqui me refiero a lo profesional(ah,vale). Yo hago muy pocos trabajos, y a estos les dedico mucho tiempo y claro se abren horizontes distintos a los trabajos de una semana.
Eso es una filosofía de vida.
Si , va más acorde con una forma de trabajo/vida que trasciende la fotografia y que se involucra mas en los temas que eliges porque lo verdaderamente importate para mi es el tema.
Yo creo que no estoy obsesiónado con mi mirada como fotógrafo. Posiblemente tengo una mirada prestada de las muchas que hay.Todo el mundo quiere tener su mirada personal pero resulta que la mayoria de las fotografías siguen unos patrones estéticos aprendidos. Al final esa obsesión por tener “tu mirada” puede llegar a ser contraproducente porque si eres muy “taliban” no te permitiras hacer temas diferentes con
soluciones diferentes. Creo que para el fotoperiodista lo importante es saber que quieres contar y porqué, y entender que nos debemos a un publico amplio al que queremos contar algo.
¿Qué ha sido lo difícil?
La vida la vives solo. A veces en esta profesion la soledad te cae como una losa, no conoces a nadie, ni siquiera hablas el idioma, y la noche es larga.... Por eso tiene que haber un significado, un sentido detrás de lo que haces, para poder contestar al qué hago yo aquí. Quizá en esta profesion lo difícil es permanecer, porque la fotografia es energia y cuando falta se nota mucho en tu trabajo.
¿A qué aspira usted en la vida?
El otro dia reflexionaba sobre esta pregunta : ¿soy feliz? y encontraba que la respuesta estaba más vinculada a otra pregunta ¿ que haces por los demas?. En la pregunta suele estar la respuesta.
Una vieja aspiración es irme de este mundo tranquilo, en paz. Creo
que al final del camino tiene que ser gratificante poder pensar que has contribuido en algo a ayudar a los demas. Los caminos son muchos : el tendero de debajo de mi casa , Alex, siempre tiene una sonrisa o una buena palabra para su gente, esto es lo importante. No se cuanto puede durar la vida como fotógrafo, pero me reconforta pensar que hay un camino que me puede esperar y que admiro mucho : el camino de la sencillez, una vida tranquila en armonía con la naturaleza. Tal vez cerrar el círculo, después de recorrer el mundo volver a la tranquilidad de la pequeña escala.